La transición que necesita Venezuela

Mucho se ha debatido sobre la ruta necesaria para lograr restablecer la democracia en nuestro país. Pero muy poco o casi nada se ha dicho sobre las características de una de las etapas más relevantes de la ruta planteada por el presidente (e) Juan Guaidó. El camino a transitar señalado por el presidente es muy claro: Cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

En la primera etapa existe más bien una especie de condición mínima necesaria para entrar en el gobierno de transición, se establece que el presidente ilegítimo y en usurpación Nicolás Maduro debe salir de Miraflores y dejarle el control que tiene a otro, luego ese otro que asume debe crear las condiciones para llegar a la última etapa de la ruta que serían las llamadas: Elecciones libres.

Comencemos por la las elecciones libres, última etapa de la ruta de la transición. El artículo 63 de la Constitución establece que: “El sufragio es un derecho. Se ejercerá mediante votaciones libres, universales, directas y secretas. La ley garantizará el principio de la personalización del sufragio y la representación proporcional”. Nuestra constitución define claramente que la elección o votación debe ser libre, no solo es un clamor popular, es además una exigencia constitucional. Que el ciudadano pueda ejercer su derecho al sufragio solo obedeciendo a su conciencia, tenga las condiciones materiales para trasladarse y existan las garantías claras de que su escogencia será respetada, son requisitos mínimos para que las votaciones o elecciones sean auténticamente libres. Para ello, las instituciones deben estar comprometidas con ese derecho constitucional y clamor nacional. Si hay una exigencia nacional con su respectivo proceso de lucha para que existan elecciones libres, es porque las instituciones y condiciones materiales de hoy no la garantizan, por el contrario, están alineadas para el fraude y negar el derecho fundamental del sufragio. En otras palabras; hoy en nuestro país se usurpa abiertamente la soberanía popular, en consecuencia, vivimos bajo el yugo de un régimen tiránico.

Lo arriba señalado nos indica que debe existir un proceso o etapa en el país donde se preparen las condiciones para poder tener unas elecciones libres. La lógica nos dice que esa etapa es el llamado; “gobierno de transición”. Pero el tema no es tan sencillo, elecciones libres no es un problema que solo se resuelve con un CNE equilibrado y creíble, es que el sistema judicial, las FFAA, el poder ciudadano con la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía y Contraloría General de la República, sean garantes de derechos y no los perpetradores de su violación. Algunos denominan a este necesario proceso: Reinstitucionalización del país.

Pero mientras se da el proceso que podemos denominar en adelante de reinstitucionalización ¿Qué papel debe jugar el gobierno de transición con el tema económico y social? ¿Cómo podrían partidos políticos y los liderazgos participar en igualdad de oportunidades y realizar sus campañas informativas necesarias en una nación donde ya casi 5 millones de ciudadanos se han ido al exterior, en la mitad del país en diferentes horarios no hay servicio eléctrico, ni existe la posibilidad de suministrarlo simultáneamente en todo el territorio nacional, además de las grandes limitaciones de movilización por ausencia de transporte público y escasez de combustible? Durante esa etapa  ¿Qué debe hacer el gobierno de transición con problemas tan complejos e impostergables como la deuda externa, el quiebre de PDVSA, las empresas básicas de Guayana, los ya mencionado temas eléctrico y de combustible, la adquisición y distribución de alimentos y medicamentos, entre otros? Respuestas que debemos aclarar en el debate nacional para poder tener claro cuál serán los objetivos a alcanzar por el llamado gobierno de transición, y teniendo definido eso, poder caracterizar cuál sería el perfil adecuado para los venezolanos que estarían llamados a ocupar los principales cargos que encabezarían dicho gobierno y el tiempo que tendrían para lograr las metas planteadas.

La complejidad de nuestra situación va todavía más allá de lo arriba señalado, que por sí solo ya constituye un difícil eslabón a resolver. Están los tema políticos, por ejemplo; ¿Quiénes serán los responsables o encargados de hacer cumplir los acuerdos nacionales e internacionales para que el cambio en nuestro país se dé en forma pacífica?  Se ha señalado que el régimen ha propuesto un proceso electoral con Nicolás en ejercicio de la usurpación, con la posibilidad de cambios en el CNE y otros de los poderes públicos donde ellos preservan un importante control. Es decir, llegar a las elecciones sin un proceso de transición y donde existan moderados cambios institucionales. Algunos incluso desde la oposición han manifestado que con el actual descontento igual ganaríamos las elecciones y lograríamos el cambio. Particularmente considero que eso es una propuesta políticamente poco viable, principalmente porque sería ingenuo pensar que Nicolás y sus cómplices van a entregarle el control de las FFAA y el aparataje policial e institucional a un líder opositor hombre o mujer que resulte ganador de un proceso electoral en el corto plazo.

Ahora, en el supuesto dudoso que así lo hiciera; ¿Podría este presidente electo maniatado por poderes públicos inservibles, flanqueado y atacado desde el principio por los perpetradores del desastre Venezuela, ser exitoso? ¿Es eso lo que realmente le conviene a nuestro pueblo? ¿Tendría ese gobierno alguna oportunidad de éxito? Estoy convencido que la mayoría de los lectores de éste artículo coinciden con mi apreciación de que la respuesta a las tres interrogantes anteriores es negativa. El propio régimen se levantó de las negociaciones promovidas por Noruega y entraron en un proceso de conversaciones con representantes del gobierno norteamericano, mejor dicho; se puso en evidencia que incluso estando “negociando” o “dialogando” con la oposición en Oslo y Barbados, paralelamente estaban sosteniendo conversaciones con los EEUU, quien es el que ha impuesto las más duras sanciones individuales y lleva adelante importantes juicios e investigaciones  que involucra a los cabecillas del régimen. Lo que nos señala que Nicolás y compañía ya están pensando en cómo resolver y negociar su propia situación personal. Lo de Noruega solo le servía para aparentar una actitud conciliadora con los europeos que colapsó cuando sus contradicciones le impidieron continuar en ese escenario, levantándose con la excusa de las nuevas sanciones norteamericanas pero que filtraciones a los medios de comunicación los pusieron al descubierto ante sus propios seguidores y tuvieron que reconocer públicamente que sí existían esos contactos. Para los que opinan que las sanciones en el caso venezolano no son efectivas, les pregunto: ¿Estaría Nicolás, Diosdado y Padrino negociando con los gringos si no existieran las sanciones? Es de verdad alarmante como se hacen comparaciones de nuestra única, compleja e inédita realidad con otros procesos y naciones en la historia, que en nada puede compararse con lo que somos y existe en el mundo actual.

Sin duda alguna, una vez establecidas las necesidades institucionales, económicas y sociales mínimas para que puedan realizarse unas elecciones libres, la complejidad de nuestra situación política también aconseja que debe existir un periodo en la que un gobierno de transición lidere un proceso de estabilización económica y social, donde se reinstitucionalice la nación  y comience el reencuentre de la familia venezolana. Proceso complejo, delicado y peligroso.

Me atrevo a señalar que del desempeño de ese gobierno de transición, dependerá la paz ciudadana y que las elecciones libres sean el comienzo de una etapa de perdurables libertades y prosperidad. Así de delicado e importante considero esa necesaria y medular etapa, por lo cual es hora de debatir y proponer esquemas realistas y efectivo que caractericen a ese gobierno de transición.

Dejaré algunos enunciados para el debate necesario; El gobierno de transición debe ser para la unidad nacional, es decir; no puede ser para favorecer alguna parcialidad política partidista o agrupación de estas. Tampoco para inclinar la balanza a favor de grupo económico alguno. Debe ser para garantizar igualdad de oportunidades tanto para los actores políticos, como económicos y coadyuvar al restablecimiento de la efectiva vigencia de nuestra constitución.

Sí se cumplen las premisas anteriores será fácil y viable que todo el pueblo, movimientos sociales y políticos apoyen decidida y activamente al gobierno de transición. Debe ser una gestión pública transparente y de políticas altamente consensuadas. El presidente, vicepresidente, ministros, viceministros y demás altos funcionarios no podrían por acuerdo nacional participar en las siguientes elecciones presidenciales, de la AN, regionales y municipales. Así evitamos que las prácticas clientelares y utilización de las instituciones públicas para favorecer parcialidades políticas se repitan en la delicada etapa del gobierno de transición.  Esta última restricción transitoria para los funcionarios públicos señalados, será un sacrificio en aras del interés superior de nuestra nación. No quiero imaginarme un gobierno  con un presidente o ministros utilizando sus funciones para favorecerse electoralmente así mismo o a terceros en una etapa tan frágil del cambio. Gobierno por lo demás que sería producto de un acuerdo nacional e internacional y no de elecciones populares. Esos funcionarios tendrían más bien la misión de lograr un clima de imparcialidad, para sumar todo el apoyo necesario para alcanzar el anhelado momento de la celebración de las elecciones libres.

Hoy tenemos un presidente encargado que surge con la legitimidad de nuestra constitución y condición de presidente de la AN. Es un presidente y líder para encabezar la lucha por el cambio. Su gran misión en mi criterio es producir junto al pueblo el cese de la usurpación y articular el pacto político y social que regirá la transición. Su reconocimiento interno y externo le dan unas extraordinarias capacidades para impulsarlo, otro debate será si el propio Guaidó puede ser el presidente de la transición; posiblemente sí, posiblemente no. Depende incluso de su propia decisión personal, de las formas cómo termine configurándose y acordándose el gobierno de transición. Pero lo que si considero fundamental es que en el caso de que desee asumir un rol como ese, deberá tomar decisiones muy difíciles y complejas que incluye su propia militancia partidista. Incluso en la actual etapa es aconsejable actuaciones que sin perder la necesaria atención al tema unitario opositor, su marco de actuación y designaciones de altos e importantes funcionarios públicos vaya más allá de militantes o allegados de partidos políticos.

Sin duda a este joven venezolano de 36 años recién cumplidos le ha tocado encabezar un proceso complejo y peligroso en una nación con sus instituciones, la economía y servicios públicos devastados. Con unos partidos políticos de oposición ilegalizados, la mayoría de sus liderazgos perseguidos, presos o en el exilio y gran parte de su militancia joven y no tan joven en condición de migrantes en otras naciones para sobrevivir. Permanentemente amenazado él, su familia y colaboradores – incluso algunos presos como el caso de su jefe de despacho Roberto Marrero – por el régimen autocrático de Nicolás y sin embargo ahí lo vemos, día a día sin descanso dando la pelea, encabezando la lucha. Sería de una gran mezquindad no reconocerlo y de un egoísmo irresponsable no apoyarlo. Nuestro deber es acompañarlo activamente, incorporados en las políticas y actividades por él planteadas, lo que no impide las saludables críticas constructivas realizadas en las formas y a través de los canales adecuados; en eso el tema de la institución unitaria es relevante. Pero sin duda alguna es hoy Juan Guaidó uno de los activos más importantes en el proceso de lucha por el cambio y por lo tanto debemos actuar para preservarlo, fortalecerlo e impulsarlo.

El debate sobre el gobierno de transición que necesitamos es prioritario, en mi artículo anterior recomendé que debemos tener una posición unitaria con la propuesta de negociación, es precisamente el gobierno de transición el punto clave para destrabar una potencial salida a nuestra dramática situación, y puede depender de ello que seamos exitosos o no en el restablecimiento de la democracia y de un sistema que garantice prosperidad para nuestro pueblo.

 

Caracas, 28 de agosto de 2019.

Diputado Simón Calzadilla

Secretario General del MPV, desde la clandestinidad.

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